Deathwhite – Grave image

Oscuro ornamento

Mantener el anonimato se ha convertido, durante los últimos años, en una arista más del concepto de muchas de las bandas de metal contemporáneo. Esta elección ha pasado a convertirse en algo meramente estético, para ayudar a construir una imagen misteriosa o mística, apoyada sobre la curiosidad que puede empujar a tratar de saber la identidad de los músicos.

En algunos casos, en cambio, sí contribuye realmente a focalizar la atención sobre el aspecto artístico, en especial si tras la mascarada se hallan figuras reconocidas, alejando el debate de elementos triviales para centrarlo en las cualidades musicales de la obra en cuestión.

Deathwhite es una muestra de éste último caso. El cuarteto de Pittsburgh formado en 2012, oculta la identidad de sus componentes sin muchos aspavientos y, dada la heterogeneidad estilística de sus creaciones, es un gran acierto. Lo que de otro modo conduciría al eterno malabarismo de elaborar la etiqueta que describa perfectamente su fórmula, se convierte en una experiencia muy completa y emocional que explora las diferentes influencias que con manos de orfebre moldean una identidad propia.

Funeral ground” abre este Grave image dejándonos, ya en los primeros compases, retales de una memoria que evoca la melancolía de Woods of Ypres y la versión más gótica de Paradise lost. Aunque no lo consideraría como un álbum de metal extremo, no está carente de contundencia, abundando los pasajes pesados y machacones que se mueven constantemente entre el doom y el metal gótico. En algunos momentos, como al inicio de “In eclipse” o “Plague of virtue” aumentan las revoluciones de forma notable, si bien como norma general hacen gala de un medio tiempo muy acorde con el carácter atribulado que transmite.

En el otro extremo encontramos una vertiente más melódica, al estilo de los últimos trabajos de Katatonia, heredada directamente de su primer álbum For a black tomorrow. El que fuera el debut de larga duración de la banda exploraba con mucha más profundidad texturas post rock y post doom, no obstante se observa una maduración de esta apuesta, que se muestra mucho mejor engarzada y más compacta en este nuevo trabajo.

Vocalmente no encontramos el mismo grado de evolución, lo cual es algo positivo. La voz clara y profunda, que surge del fondo del pecho, reclama el protagonismo de las composiciones. Sin recurrir a florituras ni exhibiciones técnicas, mantiene un tono constante aderezado con ciertas variaciones en forma de susurros y algún ademán de gutural puntual que se queda en voz rasgada.

Lo cierto es que en ciertos momentos la música crea un clima que pide sumergirse en la oscura rabia de la voz gutural que nunca llega a materializarse. La primera vez que nos enfrentamos a Grave image especialmente durante su primera mitad, puede producir cierta frustración, hasta que el propio desarrollo del álbum te hace comprender el sentido de esta elección.

El modo en que la rabia contenida parece estar a punto de desbordar los cauces del ánimo, no hace sino elevar la intensidad melancólica de la que está imbuida todo el álbum. Sale a relucir, de igual manera, la delicada y cuidadosa forma de tratar las composiciones. Sin recurrir a estructuras intrincadas ni envolverse en complejas urdimbres sonoras, se nota una conciencia sobresaliente tras cada uno de los recodos musicales que Deathwhite nos presenta. Nada parece fruto de la improvisación y se advierte la amorosa dedicación con la que se ha cincelado cada pequeño ornamento sonoro de esta meticulosa y emocionante obra.

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