Ixion – L´adieu aux etoiles

Adiós a las estrellas

El rey Ixión de Tesalea fue la primera figura de la mitología griega en matar a un pariente. Habiéndose casado su hija Día, rehuyó pagar la dote correspondiente, arrojando al nuevo esposo, de nombre Deyoneo, a un pozo lleno de carbón y madera ardiente. Tan horrible crimen nunca fue perdonado, pero Zeus se apiadó de él y lo invitó al Olimpo para purificarle. Allí Ixión no sólo no agradeció el gesto, sino que trató de seducir a Hera, esposa del dios. Como no podía ser de otra manera, fue descubierto y condenado a ser atado a una rueda en llamas por toda la eternidad. Esta leyenda sirvió, en su época, para dar explicación al halo solar, un efecto óptico que permite ver un disco alrededor del sol.

Formado por Julien Prat y Yannick Dilly, el nombre del dúo francés Ixion proviene del infausto rey de Tesalea, más como una metáfora romántica que como una influencia mitológica directa. Ixión es un icono del sufrimiento y su viaje infinito bien podría servir como metáfora de un universo cuya visión nos resulta a un tiempo hostil y romántica. Fundado en 2004, no es especialmente prolífico, presentando este año 2020 su cuarto trabajo L’adieu aux étoiles.

Ixión. José de Ribera. 1632. Museo del Prado.

Partiendo desde un doom muy oscuro y funeral de sus primeros dos discos, han ido virando hacia una vertiente más melódica. Su raíz aún mantiene su gélida pureza, oscilando de lo melancólico a lo depresivo, siempre suspendido en atmósferas envueltas en misterio e incerteza. Prácticamente nunca se sobrepasa el medio tiempo. Salvo algunos pasajes que, precisamente por su escasez, resultan impactantes y efectivos, nos movemos casi siempre entre cadencias pausadas y atmósferas muy contemplativas.Para la construcción de estas texturas no sólo se hace uso de un piano y teclados, sino que aparecen también sintetizadores herederos de la ciencia ficción espacial de los años 70 y 80, con una intención más elegante y mucho menos rimbombante. De alguna manera evoca a una versión espacial de Blade Runner, con sus protagonistas vagando a través del estéril vacío.

Cabe destacar el bueno uso que se hace de ellos, no sólo en la composición de melodías y atmósferas, sino también en como y cuándo se utilizan. Aunque salpican toda la producción, no son una presencia constante, o al menos eso parece, porque saben ser sutiles y esconderse tras la mezcla cuando la situación lo requiere. Cuando reclaman el protagonismo

Pero no todo en L’adieu aux étoiles es frío y perdición. El desarrollo de una vertiente más melódica ha ganado terreno, haciéndose con parte del protagonismo. Sin llegar a dibujar nunca paisajes floridos, atempera la crudeza y se muestra más nostálgica que triste. Sus voces claras y tenues melodías apuntan a Draconian o los últimos años de Swallow the Sun. En términos generales el balance entre la melodía y la crudeza es bastante equitativo, obteniendo una mezcla final muy versátil.

No cabe duda de que Ixion suena familiar. Los tiempos, las melodías y las estructuras recuerdan a bandas referentes del doom, pero el dúo consigue extraer de esta materia prima un elemento propio. Su estilo tiene personalidad y esta es una de las mayores virtudes que pueden atribuirse a una banda de música.

El “Adiós a las estrellas” supone un paso más en una trayectoria de perfil bajo pero consistente. Más allá de la gran maquinaria industrial y los medios especializados, continúa existiendo, al igual que nuestro propio universo, avanzando en el tiempo hacia algún lugar que desconocemos.

Nuestra existencia limitada nos impedirá contemplar los eventos astronómicos que el futuro depara. Podemos, en cambio, cultivar la fascinación por ese gran Todo en expansión, mientras disfrutamos de una gran banda sonora del universo.

 

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