The Lion’s Daughter – Skin Show

Glamour y decadencia en los 70

The Lion’s Daughter lanzó en 2016 su primer álbum Existence is Horror, el cual presentaba un interesante blackened sludge que cosechó buenas críticas, aunque no llegó a alcanzar una repercusión notable. Sus composiciones atmosféricas y la densidad eran sus principales característivas, que encajaban con bastante claridad dentro de los marcos teóricos del género.

En 2018 sorprendían con un sonido más dinámico y la inclusión de sintetizadores como acompañamiento, los cuales aportaban un halo del terror cinematográfico de los años setenta y ochenta. Future Cult supuso un gran salto estilístico y el tono lóbrego dio paso a una concepción más colorida del terror. Tal y como Suspiria abrazaba la saturación y una gama cromática amplia e histriónica, The Lion’s Daughter aplicaba una excitante paleta de sonidos a su óleo musical. De algún modo, giraba el foco directamente hacia los rincones más lóbregos del terror, creando una representación colorida sin abandonar su oscura naturaleza.

Parecía evidente que su siguiente lanzamiento seguiría los mismos pasos, ya que se advertía una potencialidad creativa muy grande que con Future Cult sólo acababa de nacer. Skin Show se presenta confirmando que el horizonte de su desarrollo es amplio y fértil, pero también la capacidad de la banda para moldear su materia prima de manera creativa y novedosa.

El nuevo trabajo de los de St. Louis ofrece continuidad al estilo del disco anterior, con un sludge de exiquisita producción y los consabidos teclados retrofuturistas. No obstante existen diferencias notables en términos compositivos y puramente instrumentales. Los sintetizadores se muestran mucho más orgánicos, adquiriendo mayor peso en la composición. Dejando de  lado su papel como acompañamiento, sus melodías son más variadas y creativas, pasando de trasfondo luminoso a elemento protagonista que conduce el desarrollo de las pistas con la misma importancia que la guitarra o la batería.

La evolución en el uso del sintetizador marca una gran diferencia, poniendo de relieve la capacidad para utilizarlo de manera versátil, proactiva y coherente. Algo de lo que pocas bandas pueden presumir. El desarrollo de esta identidad ha conllevado también un cambio en lo que al metal se refiere. Según la propia banda, se trata del primer  intento de componer un álbum de música pop. Sin entrar en debates acerca del término, parece claro que es una afirmación más conceptual que empírica, aunque algo de cierto tiene.

Aprovechando la volatilidad del sludge, que puede manejar sus revoluciones para acercarse al doom, al death o imbuirse de un espíritu blackened, The Lion’s Daughter fuerza los cánones estilísticos utilizando estructuras poco convencionales. La percusión hace gala de una gran variedad de tempos que, en ciertas ocasiones sí llegan a tomar prestadas ciertas cadencias del rock y el pop.

Skin Show no es una simple continuación de Future Cult. El estilo, la composición, la ejecución y la producción han sido pulidas y refinadas para ahondar en su naturaleza, fortalecer su identidad y conservar su impronta.

Todo ello juega a favor de la construcción de un sólido armazón conceptual en el que ubicar su estilo. El apartado lírico y la ambientación dibuja un macabro retrato social representado por la imagen de Times Square durante la década de los años 70. Continuando el viaje a través de las sombras de la sociedad moderna, el bizarro tour visita los lugares donde habita la droga, el sexo desenfrenado, la violencia y la avaricia.

El estilo que nace de esta mezcla de metal extremo y synthwave resulta una metáfora muy acertada, representando vívidamente las dos caras de aquella década. Una de ellas luminosa, como un gran reclamo publicitario, un hipnotizante neón que promete una vida colmada de bienes materiales, ocio catódico y lujo al alcance de todos. La otra, en cambio, subterránea y clandestina, capitaneada por el despilfarro económico, la privatización desenfrenada y los excesos que nadie reprueba mientras sucedan en la oscuridad de un despacho o un callejón. Estas son las dos caras de The Lion’s Daughter, representadas en un solo rostro que refleja a un tiempo lo extremo y lo melódico, el glamour y la decadencia, el gozo y el sufrimiento.

 

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