MØL – Diorama

Enriqueciendo la fórmula

Cuando los daneses MØL lanzaron su primer disco Jord en 2018, inyectaron una savia muy revitalizante en una escena post black metal siempre abierta a nuevas fórmulas. Las primeras comparaciones con el sonido de Deafheaven tenían una base fundada, pero obviaban la gran personalidad y el innegable sello propio del cuarteto. Podría decirse que el sonido de ambas formaciones comparte un embrión común, pero se desarrolla de formas muy diferentes. Con un estilo tan melancólico como el de los estadounidenses, su música emana más luz, no a la manera del optimista crédulo sino, más bien, destilando un pesimismo esperanzado que resulta muy eléctrico.

Diorama llegaba arrastrando el peso del gran impacto que había producido Jord, con sus pasajes exuberantes, sus hermosas melodías y su rabiosa emocionalidad. En un ademán teatral, “Fraktur” abre el disco con una introducción de más de un minuto, manteniendo una expectación que desvela poco a poco el semblante de un lugar conocido. Shrieks muy agudos, guitarras preciosistas y un ritmo enérgico que continúa la senda de su predecesor.

“Photophobic” comienza con un punteo reverberante que es ya marca de la casa, pero comienza a mostrar signos de una cierta evolución. Por un lado introduce una voz femenina que aparecerá muy puntualmente, en contraste con algunos de los pasajes más violentos de su arsenal, que se alternan de manera abrupta.

La búsqueda de nuevo elementos es continua, como muestra “Vestige“, que en un tiempo más pausado introduce ciertas variaciones, con un tono vocal más grave por momentos, voces claras y un destello gutural que se introduce de lleno en territorios del death metal.

En el tramo final, los dos últimos cortes superan los siete minutos de duración, permitiéndose jugar con la estructura con más descaro. “Tvesind” juega constantemente con los cambios de ritmo, mientras “Diorama” se explaya de manera más experimental en la búsqueda de nuevas sensaciones, abordando una vertiente más melódica y puntualmente más atmosférica, a lo que contribuye la colaboración de Katherine Shepard, vocalista de Sylvaine.

Quizá el punto más destacable en la evolución que supone Diorama es la progresión compositiva, sutil pero firme. La gran sensibilidad para crear melodías adictivas y jugar con las secciones rítmicas continúa creciendo, lo que permite que, con el paso de los minutos, adquiera una personalidad propia y ineludible.

Siendo continuación evidente de su debut, encuentra caminos diferentes para expresarse en términos a similares y en ningún momento tenemos la sensación de escuchar una mera prolongación de Jord. La producción también es una pieza clave a la hora de proporcionar nuevas sensaciones. Aunque apenas resulta perceptible, el sonido es un punto más crudo, compensando algunos de los pasajes más melódicos y amplificando los más agresivos.

En el universo de MØL abunda la emoción y la complejidad, disparando las emociones y construyendo un estilo de gran riqueza y plasticidad sin renunciar a una energía revitalizante y eléctrica dentro de su inherente melancolía. Una concepción del metal extremo que alumbra un horizonte tan cautivador como desconocido.

 

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