Nechochwen – Kanawha Black

La memoria de América antes de América

Nada menos que siete años han pasado desde que Nechochwen lanzara su último álbum, Heart of Akamon. Abordando la historia de los pueblos nativo americanos mediante un black cargado de elementos folk,  el dúo estadounidense se convirtió en un referente de dicha temática dentro del metal extremo. La conexión con la naturaleza presente en su cultura, el trágico destino de sus tribus y la mitificada estética del guerrero libre y salvaje, hacen del black metal un fértil campo en el que sembrar proyectos de estas características.

Kanawha Black difiere, en ciertos aspectos, de sus trabajos previos. No obstante la causa no parece tanto una evolución a otros sonidos, sino precisamente todo lo contrario. La identidad de la banda continúa un proceso de crecimiento y la maduración que han traído los años, han provocado una suerte de explosión estilística. Alimentada de sí misma, ha estallado hacia otros estilos, diluyendo las fronteras entre géneros y haciendo de éste un álbum variado y más libre.

Esto, por supuesto, tiene obvias ventajas, como lo es la posibilidad de explorar nuevos territorios musicales, evitar estancarse en una misma fórmula y lograr mantener la atención del oyente aunque existan años de distancia entre sus obras. Por otro lado, en función de la subjetividad de quien lo juzgue, también puede presentar algún problema. A cierta audiencia le puede incomodar no encontrar un contorno claro a la hora de enfrentarse a su música. Puesto esto en práctica, en algunos momentos las transiciones y los distintos pasajes dentro de una misma canción, parecen menos fluidas de lo que se esperaría.

Sacadas estas dos espinas, podemos concentrarnos en los aspectos en los que Kanawha Black nos ha hecho disfrutar. Los principales pilares de Nechochwen continúan intactos y parecen, de hecho, inamovibles. La fuerte presencia de elementos folk, con voces claras muy melódicas que entonan casi con la intención de himno, junto con guitarras acústicas que llegan a acercarse a las fronteras del neofolk, tienen el sello distintivo de la banda.

La diversificación estilística proviene sobre todo de la parte eléctrica del álbum. Aunque continúa predominando un halo de black metal, éste se difumina en muchas ocasiones, intencionalmente, hacia otros géneros como el death o el rock. En “Kanawha Black”, por ejemplo, advertimos un punto épico heredado del viking metal, mientras “The Murky Deep” se sumerge en un folk cuyas partes acusticas me hicieron pensar en Agalloch, mientras su vertiente más extrema por momentos se acercaba más a la fría melodía de Insomnium que al black metal. “I Can Die but Once” ahonda en el folk y el rock, contrastando con “A Cure for the Winter Plagues”, que suena densa, profunda y atmosférica. Estas son solamente algunas muestras de la riqueza y versatilidad de un álbum que mantiene nuestra atención intacta durante sus casi 42 minutos de duración.

El talento de Aaron Carey es innegable, manejándose con soltura en la composición, la guitarra y los diferentes registros vocales, además de los instrumentos tradicionales. Andrew D’Cagna, por su parte, cohesiona y proporciona consistencia a la labor de Carey con su labor al bajo y la percusión.

Kanawha Black no supone un gran salto estilístico en la trayectoria de Nechochwen, aunque sí abre las puertas a cierta experimentación con los límites entre géneros musicales. Su gran virtud, no obstante, está más allá de un análisis cualitativo, ocupando un espacio casi inexistente dentro del metal extremo, en el que tiene cabida la memoria de los pueblos nativoamericanos.

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