Uniform – Shame

Todo mal

No puede haber habido mejor elección de título para el nuevo disco de Uniform; Shame es vergonzoso, por la “conciencia de cometer faltas, ser indecoroso y humillante”. Tiene una producción atroz, en la acepción de “muy desagradable”. Pésimo en cuanto a que no puede caer más bajo. Resulta grotesco en cuanto “extravagante, irregular, grosero y de mal gusto”; es desproporcionado, falto de garbo, gracejo y opuesto a toda razón (gracias a la RAE por las acepciones)

Y es que todo en este trabajo es/está/existe mal; Delco comienza en mitad de un compás sin darnos tiempo a mentalizarnos ante lo que vendrá y por momentos se desencaja. The shadow of god’s hand contiene un pitido en mitad de un arranque de d-beat que la primera vez no sabrás si pertenece al tema o es un electrodoméstico anunciando su autodestrucción. Life in remission comienza a arder y se retuerce sobre sí mismo, primero informe y luego deshecho hasta desaparecer. El acople de All we’ve ever wanted suena a reclamo de afilador. La voz queda sepultada bajo los sus propios efectos en Dispatches from the gutter, y el último tema, I am cancer, es pura confusión de sonidos. Cuando parece que ya coge forma, hay teclados espaciales, riffs absolutamente extemporáneos y, en el final, una línea de voz totalmente ajena a todo lo anterior.

I dream of blood
So much blood

En resumidas cuentas, una verdadera joya para oídos como los nuestros, siempre  deseosos de ser mortificados por trabajos extremos que nos confronten y mediante su contundencia o extrañeza tengan capacidad de causarnos pasmo. Así rompe nuestras capas defensivas de incredulidad y, cuando la razón se desvanece, experimentamos la sensación gloriosa de haber sido suprimida nuestra voluntad.

Uniform en Shame se muestra con una desacomplejada falta de unidad estilística, más allá de la genérica referencia al noise o el industrial. Como nuestra mente dedicada al patronaje musical no se conforma con esta afirmación genérica, hemos tenido que pergeñar una propia, KRAUT-VIOLENCE.  Cada tema plantea una escena musical diferente que puede desarrollarse o transformarse radicalmente en su propia desarrollo. Oyéndolo nos despierta memorias sonoras a sonidos como los de Eyehategod, Swans, Napalm Death, Skinny Puppy, Killing Joke, Disfear y Deftones.

La referencia a estos últimos no es de nuestra cosecha sino de la propia banda hablando de Shame (tema) con su inicio ambiental y forma tan característica de trabajar el acople en la guitarra. El disco está lleno de detalles y pasajes brutales como éste, muchos en el inasible tema final I am the cancer y entre nuestros favoritos el de Life in remission una vez se quiebra el craneo a martillazos.

 

En general para otros elogios (que no críticas) que podamos (pueda) publicar aquí, tened en cuenta que la adjetivación negativa puede ser entendida como halago. Así si describimos el inicio de This won’t end well como un pasaje plomizo, es que es tan disfrutable como una larga serie de latigazos. Es por ello que sin dudar recomendamos con igual fervor este disco a toda aquella persona que estas líneas lea como a nuestros enemigos. A ser posible haciéndoselo oir bien alto mientras permanecen atados a una silla inermes.

Hemos planteado la crítica sin ni siquiera presentar a la banda o comentar que fue editado a mediados de septiembre en Sacred Bones Records y que, producido inicialmente por Greenberg, cuenta con la masterización de Randall Dunn (Sunn O)))). Con él, Ben, ya había colaborado en la banda sonora de Mandy y coproduciendo el disco de Algiers, There is no year. 

Greenberg y Michael forman el núcleo desde el primer trabajo en 2015 y hasta llegar al que nos ocupa (el cuarto), han pasado por colaboraciones (tres) con The Body (con las que les conocimos) y  Boris, y giras con Deafheaven, los propios Boris, y The Black Queen. Será, eso sí,  el primero en el que han enrolado a un batería cárnico estable, Michael Sharp. Esta forma de grabar la batería en estudio (como Dios manda) que ya aparecía de forma puntual en su último trabajo, les hace dejar atrás las drum machines.

Éstas, dominantes hasta ahora, conferían al grupo de una forma más esquemática, con estructuras más fijas y una textura sonora más puramente electrónica. Ahora todo suena orgánico y, por tanto, sometido a degradación y deformidad (bien entendida), y si es capaz de mantener el sabor a industrial es más por la contundencia en los martillazos rítmicos, la crispación en los riffs y la producción noventera de la voz, que por el hecho en sí mismo de la estructura o la rigidez de los pasajes.

 

Nobody tells you
How easily
Everything falls apart
Now leave me be

En lo lírico, dicen que también supone un cambio porque Michael siempre se había expresado viviendo momentos existenciales muy oscuros y con demasiada condescendencia hacia sus opiniones y sentimientos frente a un resto del mundo inútil y estúpido. Superar ese periodo egotista, le lleva a plantear visiones más amplias, comunes a muchas, donde la realidad es interpretada desde el fatalismo. Ninguna acción puede salvarnos de horror y el padecimiento del existir pero al menos es una experiencia compartida.

El primer tema nace directamente del presente de cárcel y muerte que viven las gentes del barrio de su juventud: You are what you’ve done, you are what’s been done to you. En otros nos narra el círculo virtuoso de insomnio, ansiedad por el insomnio y problemas para dormir por la ansiedad; o la depresión crónica,  o la autodestrucción lenta de un alcohólico o la permanente amenaza de tropezar y vivir en “caída”. Existe durante todo el disco “un diálogo interno con una abrumadora sensación de miedo, inutilidad y una amenaza susurrada constantemente: “no eres lo suficientemente bueno; ríndete y únete a todos los que has visto desaparecer y morir”.

Dice que como inspiración toma pasajes y personajes de películas como Tráiganme la cabeza de Alfredo García de Sam Peckinpah, la novela Kiss Me, Judas de Will Christopher Baer, un capítulo de La zona oscura y el Batman de Alan Moore en La broma asesina. I am the cancer estaría inspirado en un, al parecer, deleznable personaje (el Juez) de Meridiano de Sangre de Cormac McCarthy.

Estas referencias y la interpretación de los temas los sacamos del texto promocional y del repaso que hace los tres para Consequence of Sound.

 

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