Violet Cold – Empire of Love

Cuando la música es un arma

La consecución de una sociedad justa, equitativa y pacífica, donde las personas sean libres para elegir cómo quieren vivir; una realidad en la que puedan desarrollarse interiormente, relacionarse sin toxicidad y expresarse a través del arte sin cumplir la eterna condena del trabajo moderno, es una utopía incluso en los países más desarrollados del mundo.

Quizá la raza humana debe aún superar al menos un estadio evolutivo, un salto genético que deje atrás algún mecanismo reptiliano que nos empuja a un abismo de pasiones equivocadas. No se trata de un debate sobre la bondad o maldad intrínseca del ser humano. Puede que, simplemente, hayamos alcanzado nuestro esplendor como especie. Puede que no seamos capaces de nada mejor. Puede que necesitemos dejar de ser Homo Sapiens para alcanzar la verdadera sabiduría.

Esta reflexión contiene más de frialdad científica que de pesimismo intelectual y no debe impedirnos observar la objetiva verdad de que, alrededor del mundo, millones de personas tratan de mejorar su parcela de sociedad con empatía, generosidad y altruismo.

Uno de los colectivos que más necesita de nuestra implicación, nuestra protección y cariño es sin duda el LGBTIQA+. Aquellos que hemos tenido la suerte de crecer en un barrio donde lo inclusivo ha sido la norma, no debemos perder de vista que, mientras el ser humano planifica la constitución de una colonia humana en Marte, hay países donde se asesina y se ajusticia a personas por su identidad sexual. En el mismo corazón del occidente “civilizado” aún se agrede a personas por caminar de la mano.

Aún queda mucho por hacer.

Uno de los frentes de batalla es sin lugar a dudas el metal en general, el metal extremo en particular y el black metal el concreto. Un género durante mucho tiempo por un nihilismo mal entendido, blanco, cisgénero, primermundista y pseudo filosófico. Afortunadamente durante los últimos años se está subvirtiendo la artificial, testosterónica y vacía identidad que ha permitido su parasitación por parte de una cloacal moralidad supremacista.

Cada vez son más las bandas que condenan abiertamente el racismo o la homofobia, cuando no ondean directamente la bandera del antifascismo. No obstante, las obras que apelan al LGTBIQ+ de una manera positiva, esperanzadora y no sólo desde la confrontación frente al odio son aún escasas. Es por ello que el nuevo disco de Violet Cold, Empire Of Love, resulta tan importante.

Sí, lo sé. Dista mucho de ser una banda de black metal tradicional, pero eso no hace sino aumentar su carácter disruptivo, subversivo y reivindicativo.

La media luna y la estrella, símbolos del islam, sobre una bandera con los colores del orgullo gay, son una de las portadas más llamativas, transgresoras y potentes que he visto en mucho tiempo. En un género trufado de miserables que consideran que una esvástica sigue siendo más provocador que cuestionar las jerarquías de poder, envía un mensaje de infinita trascendencia.

Este álbum es la destilación de todo cuanto Violet Cold representa, hasta alcanzar su expresión máxima de musicalidad sin restricciones, luz y energía positiva. La forma de ver, sentir y procesar la música de Emin Guliyev, es una de las más auténticas y personales que pueden encontrarse en el panorama mundial.

Claro está que las raíces del post-black metal siempre son visibles, conformando la fórmula esencial sobre la que se desarrollan muchos otros conceptos musicales. Lo verdaderamente impresionante es el inagotable manantial creativo, que no ha dejado de producir nuevas y distintas variaciones de esta fórmula hasta hacer todos y cada uno de los álbumes de Violet Cold, obras originales y plenamente distinguibles de cualquier otra banda contemporánea.

Cradle” y “Pride” son la dupla de pistas que abren este Empire Of Love. Resulta asombrosa la naturalidad y fluidez con la que se combina el black metal, con sus shrieks, blast beats y riffs pesados con una musicalidad mucho más festiva, accesible y desenfadada. Estas dos pistas, por si solas, son armas de construcción masiva, que desintegran los aspectos más tóxicos y las actitudes preconcebidas de un género supuestamente tenebroso y agresivo. Sus teclados luminosos, la reconfortante voz de () son una celebración de la diversidad, un cálido abrazo, enérgico pero delicado, a todos aquellos que son discriminados en el contexto de la identidad sexual.

Conviene resaltar que, a menudo, está identificación de la reivindicación LGBTIQA+ con la actitud festiva y positiva, suele exagerar hasta el punto de llegar a ser una caricatura involuntaria de sin movimiento que en muchos países está costando la vida de personas. Empire Of Love, afortunadamente, encuentra el equilibrio entre esa sensación policromática, la reivindicación “desenfadada” y la potencia del metal extremo. Tampoco cae en la repetición y, a partir de “Be Like Magic” encontramos una vuelta a sonidos más característicos de discos anteriores. Algo quizá menos primaveral que el inicio del disco, pero no menos intenso.

Regresan los sonidos más etéreos, las texturas cósmicas y las sutiles influencias medio orientales. El sonido de Violet Cold siempre ha transmitido emociones energizantes, positivas y trascendentes sin llegar al “Paulocoelhismo”, de manera que  no se siente como un cambio brusco, a pesar de que el resto de álbum es, en general, menos barroco y ornamentado.

No se olvida el bueno de Emin, de introducir otros temas de gran relevancia, como ponen de manifiesto las siguientes pistas “We Met During The Revolution”, “Shegnificant” y “Working Class”. En esta última, otra sorpresa llama poderosamente la atención, con un banjo muy poco oriental acompañando al cuerpo musical.

“Togetherness” y “Life Dimensions” vuelven a sonar profundas, trascendentes e introspectivas, brindando un final emocionante y cautivador.

Haz lo que sientas, disfruta de la vida y no te escondas tras banderas o himnos. Una máxima que no sólo transmite la carrera de esta banda, también es una clave de bóveda de su estilo, que nunca se conforma, no se acomoda y jamás renuncia a nada.

Quien ha escuchado Violet Cold, sabe que hay que aproximarse a su sonido liberado de conceptos rígidos. Todos disfrutamos del black metal formulaico, su sonido tradicional y la clásica imaginería torturada y lóbrega. Pero existe un placer indescriptible  en escuchar la quiebra de sus leyes y diseños predispuestos.

Cuando, además, se hace con el ánimo de revindicar la libertad para amar, que no es otra cosa que revindicar la libertad de ser uno mismo; sin bandera, religión o ley que pueda inmiscuirse en nuestro (este sí) sagrado derecho a la felicidad.

Violet Cold es una rara avis musical. Su estilo libre y liberado es por si sólo un acicate para aquellos que vemos inevitable la interacción de las luchas sociales, con el carácter intrínsecamente subversivo del metales extremo. Empire Of Love es, además, mucho más que un buen disco, es un abrazo sonoro, una revolución musical, una sonrisa protesta y la declaración firme e irrevocable de que jamás renunciaremos a ser y dejar que otros sean.

 

 

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