Crónica Vigésimo cuarto German Film Fest

8-12/06/2022

German Film Fest adaptó su nombre tras estos dos años de pandemia, pero como nos informan desde la organización, el espíritu está intacto. El interés por traer a Madrid lo más destacable del nuevo cine germano, siempre ha sido marca de la casa. En esta, su vigésimo cuarta entrega, hemos podido disfrutar de propuestas atractivas y muy diversas. Ya no solo por sus diferentes formas, si no también por los temas que sus jovencísimos realizadores abordan en los largometrajes.

Whispers of war vestía de gala la presentación del festival. Esta película de ficción, es la ópera prima de su realizador Florian Hoffmann, que tuvo la deferencia de atender a las preguntas de los medios congregados en esta tórrida mañana madrileña.
La película aborda el conflicto Turco – Kurdo visto desde la óptica alemana. El protagonista Khalil, deberá posicionarse como kurdo y enfrentar sus demonios tras la pérdida de su hermana. Su condición de ciudadano alemán y su relación con una periodista, le servirán como fulcro para destapar el férreo embargo informativo que sufre este conflicto desde hace décadas.
Su director nos confirmó que el planteamiento original fue crear un documental, sirviéndose de las imágenes reales que pudo recopilar en persona durante sus viajes a Turquía. Sin embargo, pronto se abandonó la idea por la seguridad de las personas que las obtuvieron. El resultado destapa variedad de desacuerdos sociales y emocionales en suelo alemán, y viene para plantear muchas cuestiones sobre cómo abordamos esta clase de conflictos internos en Europa. Comprometida y profunda, la consideramos uno de los platos más fuertes que se nos han servido.

La directora Sabrina Sarabi estrenaba el jueves Nadie con los terneros. Defendida con valentía por Saskia Rosendahl, cuenta la historia de Christin, una joven que trabaja en el medio rural con sus futuros suegros y su novio. Esta cinta muestra la angustia y el hastío de una joven que se esfuerza por abandonar el inhóspito entorno que la rodea.
En una de sus escapadas es asistida por un trabajador de la zona. Pese a su diferencia de edad, se convertirá en una recurrente amistad que pronto aportará un giro a la sombría vida de nuestra protagonista.
Esta cinta consigue plasmar mediante entornos opresivos y salpicados de muerte, la búsqueda del camino personal y es un descarnado y frío retrato de un verano sofocante.
Quizá su excesiva duración fue el único pero que pudimos encontrar en su planteamiento.

Imágenes de una/mi madre es un documental que nos llegó al corazón. Compuesto por las cintas que su directora recopiló de su archivo familiar, retrata con mesura y sin reproches, las inquietudes de su madre.
Representa con fidelidad, una foto fija de la sociedad alemana y sus diferentes problemas al abordar los derechos de las mujeres. Sobrecoge la sinceridad y la carencia de remilgos al tratar temas universales, que afectan a la sociedad de forma global.
Las emociones y sentimientos antagónicos que destilan esta película, son difíciles de encontrar en ficciones, y más en las que actualmente plagan las carteleras. Por tanto consideramos que es una de las propuestas más interesantes que hemos podido disfrutar durante estos días.
Nuestro reconocimiento para Melanie Lischker y su valentía al presentarlo con ronda de preguntas incluida.

La comedia es la mejor de las críticas, y esta premisa parece ser el camino a seguir cuando Toubab era solo un proyecto de fin de carrera.
Al comenzar puede parecer un relato urbano sobre delincuencia, sin embargo el color de la piel de los protagonistas se convertirá en una de sus piezas centrales. Dos amigos provenientes de un barrio obrero, tendrán que hacerse pasar por pareja para evitar la deportación del protagonista. Esto será el comienzo de una sátira sobre la incongruencia de las leyes y la fina línea que separa la realidad del esperpento.
Seremos sinceros, y vamos a reconocer que no nos ha convencido como comedia, pero su homogéneo mensaje sobre la tolerancia y su drama repleto de ternura han sido sus aspectos más disfrutables.

Continuando con el ambiente carcelario, nos enfrentamos a la cinta más inconsistente del festival. A pesar de ser grandes aficionados al suspense y el noir, El futuro es un lugar solitario nos ha dejado helados. Este relato de venganza, aliñado con un triángulo amoroso poco verosímil, convirtió su oscuro visionado en todo un reto. Tampoco la ambientación, ni la repetición de entornos juega a favor de la cinta. Podemos reseñar su escueta duración, permitiendo la celeridad de los acontecimientos mostrados, y dotando al montaje del ritmo que no tiene su guión.

Hemos dejado para el final las películas que fueron exhibidas dentro del Ciclo Goethe Institut. En esta ocasión ha sido la filmografía de Christian Schwochow la seleccionada en este apartado, por desgracia el director no pudo asistir al festival por problemas de agenda. Tres largometrajes en pases únicos, mostraron la versatilidad de este realizador, que parece desenvolverse ágilmente en retratos políticos.
Empezando por la comedia televisiva Calle Bornholmer, donde fotografía sin compasión y muy poco respeto, la caída del muro en el 89. Basado (por supuesto) en un relato verídico, ironiza y plasma con sabiduría los angustiosos momentos vividos por los “héroes” de la calle Bornholmer. Quizá por proyectarse en la matiné del último día o por el tono socarrón del cuento, no terminamos de conectar con ella.

Je suis Karl nos dejó pegados al asiento en sus primeros minutos. Consigue escenificar un atentado terrorista y hacer a la vez un uso del sonido muy hábil. Dicho suceso sesga una familia de clase media, dejando a un padre y su hija adolescente con graves secuelas emocionales. Un encontradizo e influyente joven, ayudará a nuestra protagonista con sus traumas y mitigará su soledad, guiándola hacia un entorno donde todos la podrán comprender.
Interesante ejercicio sobre la juventud favorecida de Europa, y sus fantasmas más inmediatos. Esta película aprueba con nota, y es que funciona a la perfección, ya sea como drama social y también como crítica. Utilizando una estética moderna y decidida para llegar al gran público. Podéis consumirla en Netflix.

Para terminar el Ciclo Goethe Institut pudimos disfrutar de una espectacular adaptación de La lección de alemán de Siegfried Lenz. La represión artística sufrida durante el ascenso del nazismo, provoca que una pequeña localidad convulsione. Jens, es un policía abnegado y obsesionado por el deber. Por orden del partido, obligará a su amigo Max a abandonar su oficio. Le prohíben pintar.
El hijo pequeño de Jens, se verá envuelto en un tira y afloja entre el sentido común y el deber. Es decir entre la autoridad o la libertad.
Precioso uso de la fotografía, donde las marismas y los entornos abandonados, visten a este relato de solemnidad y desamparo. También aplaudimos el soberbio trabajo del equipo de vestuario, acertando en la forma en que los personajes adquieren una individualidad estética casi anacrónica en su género. Está disponible en el catálogo de Filmin para su regocijo.

Por último agradecemos el trato tan cercano que disfrutamos por parte de la organización, y deseamos que este “nuevo” German Film Fest continúe tan comprometido. No solo a nivel político y social, sino también con el mundo del cine como ya es costumbre.

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